lunes, 16 de enero de 2017

Pena

A veces la pena se instala en el pecho de manera persistente. La pena llega de golpe, como una puerta mal cerrada a la que el viento hace crujir los goznes. La pena también se disipa, como esas nubes que se van estirando sobre las montañas, que desaparecen como mechas de algodón de azúcar, apenas unas briznas al volver la vista sobre ellas, al cabo de un rato. 
La pena llega intempestiva, obscena. Se recrea en tu memoria, te desgarra, embotando tus sentidos de sensaciones que parecen perdidas, como esa felicidad que es destiempo, siempre destiempo, mientras dura esa pena. 
Sustraerse como obligación, como costumbre, como terapia. Ser otra vez aquel y ser para siempre otro. Resurgir, flotar, crear, ser distinto y el mismo, contener un suspiro que encierra una fatalidad que no será dicha. Que nadie cite lo oscuro, porque es un terreno cenagoso donde se demora la escapada, llenas las manos de brea, de sal, de vinagre...
Hay que escapar de eso oscuro que es la pena. 
Y recordar la caricia del sol. El crujido de las manzanas verdes. La brisa cálida. El abrazo.
A veces la pena se instala en el pecho y es un error retenerla. Me digo que pudimos ser felices y lo seremos otra vez,  picoteando del manjar de la vida como un pollito incipiente, curioso, tibio. 
La vida es esa pena en el pecho salpicada de espuma de mar, dolorosa y decidida a quedarse un poco más, un poco más, como homenaje al recuerdo retenido, a la sonrisa apagada, a esa parte de nosotros que está y no está, que duele y no duele, que se recuerda y se olvida.
Me resisto, pero acepto que al parecer, la vida es recordar olvidando. Olvidando la pena.

martes, 3 de enero de 2017

Mirar por la ventana

Ayer, en el documental que la 2 dedicaba a Gil Parrondo, hubo un momento que ilustra mi desolación de hoy al conocer la muerte de John Berger. El maestro hablaba sobre un momento de la localización de la famosa escena del cañón de "Orgullo y Pasión" (Stanley Kramer, 1957), en la que un agricultor al que se había hecho una oferta por rodar en sus campos, con una contraprestación económica importante, ponía reparos a la colocación de unas estructuras que le tapaban las vistas. El campesino necesitaba saber cada mañana si había helado, si habían sufrido aquellas plantas que vigilaba. Gil Parrondo sentenciaba con afabilidad: "mirar por la ventana era su vida".
Acaso Berger, al ver a este hombre de piel oscura que está en la esquina de enfrente de mi casa, tocado con un gorro de lana, aterido de frío, viera en su mirada perdida el paisaje que ya no encuentra. Este hombre a menudo se sienta, con su chaqueta raída de traje, a no hacer nada, solamente a mirar. Me parece que mira más allá, como el muchacho que estaba el sábado apoyado en el manillar de su bici, con esos ojos azul eslavo que complementan su sonrisa y su silencio, ese muchacho bellísimo que parece un marinero soviético y que es ya un padre de familia cuyo hijo ha aprendido a mirar entre cañas y naranjos. 
Berger nos deja una obra que nos remueve, y cuyos personajes pasan a ser parte de esa familia adquirida en los libros que ya nunca nos abandona: la madre que no se sienta, servidora de todos, la madre que cocina, que disculpa; el hombre que trabaja con las manos hundidas en la tierra, y que ha perdido la visión de lo suyo como paso previo a la pérdida de la memoria, con el dolor de saber que ya no será la de sus nietos, solamente una mitología aprendida, reinventada, literaria, profundamente triste.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Deseos


 "El noble Bruto os ha dicho que César era ambicioso. Si tal ha sido, su falta fue muy grave, y la habrá pagado terriblemente"

Julio César, Shakespeare. Acto tercero, escena segunda.

¡Cuántos hemos visto caer este año! Cuántos venían a darme, a regalarme el sosiego que me robaban por la noche los que querían pervertir mi dignidad. Y eso que cuesta pervertir la dignidad de un pobre que sabe que lo es, un pobre no demasiado iletrado, un pobre insolvente y rebelde, un pobre sediento.

Muchos han  perdido los frenos en las citas electorales, creyendo que estaban arriba, cayendo estrepitosamente, regalando un festival de puñaladas y diretes que no pesan más que un alma medieval: unos gramos de incomodidad con la foto de un café con leche, servidos cada mañana. Hay quien pensó que así estaba haciendo política y sólo alimentó la bestia del cinismo, quizá la más destructiva de cuantas pueblan las redes y las redacciones. 
Cómo me alegro de que acabe el año. Y eso que el 31 y el 1 serán físicamente iguales, pero se dice una, como pobre militante (no como militante pobre), que les queda un día menos. Les explico quién son les: los que manipulan, los que retuercen, los que no dialogan, los que dan la nota por pura incompetencia intelectual, los que son malos de capuchón, los que son tan pelotas, tanto, que han llegado arriba haciendo propósito de no descabalgar jamás. Esos que escriben discursos horrendos, esos que redactan leyes que nacen con un recurso bajo el brazo. A esos les queda un día menos, y como Bruto, son hombres honrados, y como Bruto, mataron la ambición del otro, y de paso al otro.
Me alegraré de que esos caigan este año y dejen el camino expedito a gente ética, gente libre de ego, gente que piensa en los demás tocando tierra, predicando con el ejemplo. 
En ocasiones pienso que debe haber gente virtuosa y preparada y me emociono. En ocasiones me tropiezo con personas así, me cercioro de que existen y pienso que quizá este año se animen y se unan a las que ya están trabajando por las ideas, sepultadas bajo unas siglas que dan a la galería momentos de bochorno y que no les hacen justicia. Me dura poco la ilusión. Lo que tardo en conectarme a la realidad paralela que escriben los argumentarios y que ni siquiera me suena. 
Ya pueden imaginar lo que pido para el año que viene, y lo poquísimo que voy a prosperar sin hacer esa vida social tan conveniente para dejar de verse como pobre, para intentar ser pelota, o Bruto...

miércoles, 21 de diciembre de 2016

No me interesa

Curriculum impresionante el de Quintà, pero no me interesa.
Para mí siempre será el asesino de una mujer. Y que conste que digo una mujer, no "su" mujer, aunque en las noticias haya repaso de la trayectoria del supuesto asesino, que culmina cuando Victòria Bertran ha pasado de ser "su" mujer a "su" víctima. 
Este caso no es peor que otros a nivel criminiológico, pero hay casos que hacen que las pupilas del espectador se dilaten, que se cree una pequeña conmoción social. Ella era una mujer bien formada, independiente a nivel económico. Aquí está la conmoción, pues no son sólo mujeres marginales las que sufren la violencia de sus parejas o exparejas. Dentro de todos los estereotipos que circulan sobre la violencia de género, uno muy extendido es ese que nos empuja a pensar que la violencia de género se desarrolla casi exclusivamente en entornos deprimidos socialmente. Hace mucho, al empezar en las redes, me llegó el testimonio de una mujer lista, listísima, que tuvo que salir de su casa con lo puesto.  A priori nadie diría que esa mujer (universitaria, preciosa, de lo que llamaríamos clase media-alta, joven, con recursos personales) era lo que se entiende vulgarmente como una víctima tipo. Esta mujer cargó -además de la crianza de los  hijos del matrimonio que huyeron con ella- con un mantra repetido por los que la rodeaban, basado en la incredulidad: eso le pasa a otro tipo de mujeres. Esas personas que emiten opiniones tan arbitrarias son las mismas que no entienden lo que significa que cuando nos tocan a una nos tocan a todas. Porque todas podemos encontrar a una mujer que es como nosotras por edad, formación, físico, estatus y que está sintiendo miedo por su vida, porque hay un hombre que decidió por los dos lo que habría de ser la vida. Y es que la víctima no nace víctima, es una consecuencia de la violencia (sí, queridos, igual que en la violencia escolar) y es el agresor el que tiene un perfil, para entendernos, (debemos dejar de ver tantas series americanas, por nuestra propia salud) o mejor, cumple unos parámetros de conducta y personalidad que se parecen demasiado. Estos parámetros son el control, la baja resistencia a la frustración, la inseguridad, la facilidad para mentir, la tendencia a manipular al entorno culpabilizando o amenazando...entre otros. 
Me rebelo contra esta comunicación sesgada. Me rebelo contra los medios que hacen de la mujer un objeto decorativo o de consumo, con los que frivolizan sobre la posesión en las relaciones, sobre los que hacen ver que la mujer es mujer mientras es madre, esposa, delgada, joven, deseable... estándar según su estándar.
Ada Colau ha dado en el clavo. En un comunicado dice: "La médica Victòria Bertran ha sido asesinada por su marido". Porque ella, antes de Quintà,  fue una mujer que quiso estudiar medicina, que acabó la carrera, que ejercía. Antes del asesino ella ya era alguien, ¿con qué derecho la desposeemos de su esencia, reduciéndola a la consecuencia de los actos de un bárbaro?
No me interesa quién era Quintà. Me interesa que sepamos reconocer a un Quintà. Que podamos enseñar a nuestras hijas a reconocerlo. Que enseñemos a nuestros hijos a rechazarlo, y sobre todo, a no serlo.

martes, 13 de diciembre de 2016

Caldo

Haré una aseveración antes de empezar: no creo en las conspiraciones, pero sí en los caldos de cultivo.
En un caldo de cultivo adecuado, ciertos organismos prosperan hasta adquirir proporciones de plaga. Solamente en ciertos caldos de cultivo, algunos organismos prosperan. 
Qué horror el caso de Nadia Nerea. Qué falta de ética, pudiéramos decir. Hemos supuesto que la tenían los padres porque su hija estaba enferma. Esto es muy de la creencia de que el sufrimiento ennoblece. "Dios da la enfermedad y la medicina", decían no hace tanto. Los resabios son el fondo oscuro ideal para un buen caldo de cultivo.
Un caldo -gordo- de cultivo ideal para el caso que les comento es el del sistema sanitario en la diana: Caro. Obsoleto. Poco eficiente. 
Las cifras se pueden consultar, para el que tenga paciencia. Lo que no sale en las cifras es cuántas horas trabajan seguidas los médicos y sanitarios de la pública, cuántas veces falta personal,  por qué se cierran camas. O las derivaciones a centros privados, si de verdad son tan necesarias, si no hay otro modelo posible que el que se ha intentado implantar. Si de verdad la solución está en Houston, en Lourdes o en un laboratorio bien dotado que no se está dispuesto a pagar, porque no dará dividendos.
Ese modelo social neocon también gusta de vapulear a la enseñanza pública. Qué mala es, ¿verdad? Queremos ser nórdicos, definitivamente. Díganle a un nórdico el sistema de trinque del hospital de Castellón, díganle si un instituto puede funcionar 12 años en aulas prefabricadas. 
Asistan al nórdico.
Un buen caldo de cultivo creará la expectativa de una sanidad imaginada en el exterior de nuestro sistema, con elementos de juicio sacados de no se sabe dónde, pues nuestros profesionales viajan y leen correctamente en varios idiomas, y están al día, y son vanguardia mundial en muchos casos. Vanguardia mundial exportada, muchas veces porque nos faltaba cash, pero para eso.
Y eso es lo que no es rentable la semana que viene. Como esas au pair sobradamente preparadas que son explotadas como chachas de antaño en el Reino Unido, como esos ingenieros que están dando tumbos, repitiendo la historia de los abuelos, maleta en mano, hasta la invisibilidad final.
El caldo de cultivo del desempleo crónico,  de la ferocidad laboral, de la falta de industria y de inversión ni calienta ni hace sopa. Es la sopa boba de unos pocos, aliñada con buen hueso de jamón, con unas cuentas opacas, con una vida al margen de la masa que tirita. 
Un informe sobre calidad de la sanidad rezaba en uno de sus puntos: "La percepción de la salud disminuye al disminuir el nivel de estudios, la clase social y el nivel de ingresos". Conclusión: Sabemos que estamos enfermos, pero alguien vendrá a decir que estamos así por apalancarnos en nuestra zona de confort. Hay que creer en uno mismo y reinventarse. Hay que creer  tanto que termina uno creyendo en cualquier cosa. Hasta en los milagros.

martes, 6 de diciembre de 2016

Bucle

Aunque uno no quiera, es Navidad desde hace quince días al menos. Dan fe de ello los múltiples encendidos  en las ciudades, la programación flipante que proponen las teles, la sobra de brillo de cualquier escaparate. Málaga se encendió con un "túnel lumínico", algo para mí insólito,  pero es que yo soy de tira de bombillas de alto consumo, pintadas con titanlux. Ahí me quedé clavada un año en unas fiestas. No necesito más. 
Así como mis terquedades se van reafirmando año tras año, año tras año también llueve en Málaga. Y año tras año se suceden las imágenes de barrillo en las aceras, rescates y desastres varios. ¿Sabían ustedes que se hizo en 1995 un plan que se llamó "Plan de Defensa de Málaga frente a las Inundaciones"? En 2014, el catedrático de Geografía Física de la Universidad de Málaga, José Damián Ruiz Sinoga, hablaba del alto riesgo de inundaciones en la zona del Guadalhorce, derivado, entre otros factores, por la transformación urbanística de esta zona. En 2009, declaraba a tenor de este problema al diario Sur: "El Guadalhorce se ha resuelto, aunque cualquier río Mediterráneo tiene una llanura de inundación, así que si se cultivan chalés en vez de naranjas tendremos un problema".
Algún día, (algún día, algún día, algún día...) los expertos serán los que tomen las decisiones (mantra).
Algún día, también, nos enteraremos de por qué esa chica rumana que estaba en un club de alterne no podía salir del sótano donde se encontraba mientras subía el agua, en esa misma Málaga plagaíta de luces de última generación. Nos enteraremos de cuáles eran sus condiciones de trabajo, de cómo de triste era su historia. No será como la de esas chicas jacarandosas que regentan el burdel agraciado por la lotería en la última comedia taquillera. Recuerdan a "Las señoritas de mala compañía", sólo que aquellas eran de Nieves Conde. Mujeres ceñudas como mi admiradísima Maria Luisa Ponte, imaginen, como para no querer echar todas las canas al aire. Reediciones de lo mismo que ni antes ni ahora tiene gracia, con la diferencia de que ahora sabemos que no existe Pretty Woman, pero miren, aún hay una parte de nuestra vida que es una verbena donde suena "moliendo café" y las señoras se sientan a mirar quién agarra a quién y quién se deja agarrar. Lo que ahora aparece como en bucle, antes era sólo tradición. Ahora sabemos que debemos llamarlo esclavitud, explotación o directamente Gomorra, pero la de Saviano. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Caras

Cuando enciendo el televisor siempre me sorprende un político que es el doble de Bill Murray en Lost in traslation. Sentados en la butaca, con cara de hastío, no desprenden ningún tipo de energía. A su alrededor, como en ese Japón de la película de Coppola, no hay nada que indique que existan personas que se muevan en estratos diferentes al suyo. El político se mantiene entre los suyos, y es aplaudido por los aspirantes a ser de los suyos. Si tiene una algo de memoria, incluso nota cómo se recauchutan los discursos y cómo los argumentarios con los que nos aburren son cada vez menos originales. 
Para vender un programa político es capital cuidar al pobre, pero no al pobre absoluto, ese tienen una cara de sufrimiento muy poco fotogénica, y además lo mismo no tiene nada que perder y se le va la lengua en el peor momento. Tampoco al pobre activista, a ese incluso se le hace retroceder, seguridad mediante. El pobre que interesa es el que no sabe que es pobre, manda huevos, que dice el embajador en London. El pobre que no quiere ser pobre y que vota para vivir como su líder es el gran objetivo. Ese no da problemas, incluso se deja fotografiar y es besado o besa con alegría. Pobres aseados y cofrades, el no va más, lo más rentable en el negociado de los figurantes que hablan en público y sin pudor de la prosperidad, de la resignación o de este gran país gastronómicamente hablando. 
Los pobres que no son de atrezzo son otra cosa. Para empezar tienen hijos pobres. La pobreza se hereda como un título nobiliario, y deja marcas invisibles en los niños. A veces un niño pobre crece y van a buscarlo para hacerse una foto con él, y pasa como en ese asunto de la familia que fue a la perrera donde había abandonado a su mascota a por otra, porque aquella lloraba demasiado. Y ya saben, un obrero que se queja, un estudiante diferente, una mujer que ya no traga, un niño que pregunta mucho no da bien en directo. La miseria bien encuadrada es la ajena, que ocurre por causas que nos serán muy bien explicadas. Mientras escribo esto no sé aún la historia de los hermanos que han muerto envenenados por los gases de una estufa mientras dormían en una furgoneta. 
Lo mismo también tenían cara de sufrimiento. Lo mismo alguien que vive muy bien, no hace tanto, les pidió el voto.