jueves, 7 de abril de 2016

Panamá

A mí me dices Panamá y no me viene a la mente la palabra papeles. A mí me dices Panamá y me viene como tal un señor lujurioso y bien vestido con un sombrero blanco que miraba de reojo en "El amante" de Margarite Duras, un señor que se abanicaba con desánimo mientras el mundo colonial desaparecía. Quizá no estaba en ese libro ni llevaba sombrero. A mí me dices Panamá y me viene "El americano impasible", o uno de los muchos europeos decadentes y desarraigados de "Cónsul honorario". Un europeo con secretos, sudoroso y adicto al aguardiente local que ve que la humanidad se desmorona allá por donde pasa. 
A mí Panamá me transporta al sastre de ídem. El sastre de Panamá sabía un rato más que Bond del canal y sus cosas. ¿Recuerdan a Noriega, enemigo número uno durante un tiempo del mundo libre? Le trincaron en Panamá, su país. Llegó el séptimo de caballería, murió mucha gente en la operación "Causa Justa", bastante gente pobre, creo recordar. Ignoro la justicia de la causa, pero todos eran viejos conocidos: Noriega se formó en la Escuela de las Américas que estaba en la zona del canal de Panamá, una organización de formación militar rebautizada como Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, y que actualmente tiene su base en Georgia. (Dios salve a América.)
Por Panamá me sale sombrero. También. El sombrero Panamá está fabricado en Ecuador, con fibras de Jipijapa. Por Jipijapa me sale don Triquitraque, de Miguel de Molina, que se fue de esta España que casi le mata buscando libertad. En un mundo redondo, como los lunares de esas blusas exuberantes que lucía con tanto arte, en un mundo realmente libre, digo, no hubiera habido un Panamá con esas empresas inventadas, porque la libertad se sustancia en un bienestar que nos roban cuantos caminan por los márgenes confortables del sistema.  Por Panamá me salen divos y nobles, gente bien que siempre ha estado arriba y que aspira a que sus excusas cuelen como colaron sus goles tributarios.  Por Panamá me sale calor sofocante y mundo que se va al carajo, que diría Umbral, que daría gloria leerle en esta ocasión -y en otras que llegarán- sobre cómo cayeron en relativa desgracia esos que parecían inmunes al devenir de ese mundo suyo, herrumbroso y rancio, que se construyó  y cimentó casi exclusivamente a golpe de papeles.

8 comentarios:

  1. A mí me dices Panamá y se me aparece un embudo, sin ley, estrecho por la parte baja y que da al amplio mar, lleno de vida y libertad por la otra parte, esa que siempre ha tenido en sus manos el todo, y un buque que se desliza entre las estrechas paredes repleto de abundancia hacia la inmensidad de su ambición desmedida...

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    1. El canal lo visualizo lleno de obreros que están en modo #picoypala. Lo del embudo es insuperable. Un saludo ;-)

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  2. Lo siento Angélica, a mi me recuerda a ilegalidad, falta de libertad, robos y esclavismo, disfrazados de sombreros blancos, no de pureza.
    Un abrazo

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    1. Se nos abre un campo semántico que acaba en las fronteras del mundo. Dices muy bien, Javier. Gracias por pasarte <8>

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  3. A mí me recuerda un paraíso de playas de una arena espectacular (lo ví en canal 4, "callejeros viajeros"), pero veo que no es lo más espectacular de ése país, si el del "Presidente Noriega", y al que el "Presidente Zapatero" lo sacó por "razones patrióticas" de la lista de Paraisos Fiscales.
    Me quedo con la de "callejeros viajeros"

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    1. Tu visión es sin duda la menos deprimente. Abrazos ;-)

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  4. Pues yo estoy y un poco con todos.
    En un principio lo identificaba siempre con el canal y con todos los esfuerzos que los primeros soñadores invirtieron en abrirlo y sangre que se vertió por él.
    Luego era la imagen romántica del canal y los barcos y el milagro del paso.
    Mas tarde descubrí también el país oculto detrás del canal gracias a Callejeros y Cia.
    La cosa se torció cuando los problemas de tesorería dejaron a la vista los alambres del negociazo de las grandes empresas constructoras. Me da a mi que como esto del deshielo de los polos sigue adelante y se abre la ruta del norte se les va todo al traste (si seguimos vivos).
    Y desde hace una semana pienso en Panamá y se me nubla la vista y lo veo todo negro y rojo...

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    1. Negro y rojo es bien ;-) El asunto de Panamá lleva camino de ser la quintaesencia de la desvergüenza, pero no me atrevo a decirlo por si en breve es superado por otro... Gracias por pasarte por el blog.

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