jueves, 12 de octubre de 2017

Maestra

Si estuviera Pepa aquí, si no anduviera solamente en nuestro recuerdo, seguramente estaría destejiendo expresiones rebuscadas. Si estuviera entre nosotros, en estos días inciertos de palabras preñadas y hueras, daría cada día una clase. De esas clases magistrales que se memorizan a través  de la piel, y que se quedan en alguna parte del cerebro, grabadas a fuego, selladas con lacre, escritas en caracteres sencillos como la letra de los párvulos a los que ella miraba con ternura y grandes dosis de esperanza. El futuro son ellos, el futuro hay que sembrarlo honestamente, el futuro no se puede construir en falso.
Si pudiera levantar el teléfono y escucharla un ratito hablar de esto y de aquello, me diría sonriendo: “hermosa, la patria es la humanidad, no hay mucho más que hablar”. 
Pepa quería un futuro lleno de libros, de niños con preguntas y con dudas. La duda como levadura, la ética como referencia, el único muro posible que contiene la humanidad desbocada.
Si ella caminase por las calles, bajo ese azul de tonos infinitos, habría dado una sesión inolvidable sobre el valor de las palabras encendidas, desactivando los extremos, despojando de ropajes esas expresiones manidas con las que nos atraen. Hubiera repartido unos folios en blanco, para que cada cual describiera un hábitat en el que una de esas palabras pudiera florecer naturalmente.  A veces sólo salían dos líneas, escritas tras una lucha directa con aquello que nos  incendiaba, que ahora parece pequeño, o que es igual de importante que lo era entonces. De la escritura nacía la reflexión, en ese orden o en el inverso. Lo importante era el proceso que nos hacía más complejos. Nos hizo más complejos. Ese fue su regalo.
Ella sigue siendo  grande, imprescindible, presente. Ella y las palabras, a las que ha de tratarse con un respeto reverencial cuando se vierten sobre el otro, me diría. El otro como necesidad, como referencia, como espejo. El otro como reflexión social inexcusable. El otro como semejante, como misterio, como parte del gran proyecto común.
Machado entre cuatro sillas, me decía.

Mi maestra.

4 comentarios:

  1. Gran trabajo el que hizo tu maestra. Se lo diría a ella si estuviera aquí pero, estando ausente, te lo digo a ti. Maestra.

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  2. Ejerció el oficio con humildad y con sabiduría, qué bien le hubieras caído... Besos miles ;-)

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  3. Qué suerte tuviste con tu maestra.
    Qué bien te enseñó.
    Qué gran lección.
    Qué 'envidia' sin envidia me ha dado leer tu escrito.
    <8>

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    1. Qué suerte haberte encontrado, Javier <8>
      Abrazos

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