jueves, 3 de diciembre de 2015

Ahórrense la vergüenza


Descansar sobre el pecho del otro. Pasear. Ver el amanecer en la playa. En la azotea. Respirar el aire frío. Tan frío que hace daño para después volver dentro de casa, liarse con una manta y sentirse feliz y protegido. Agradecido. Cada invierno vemos la benevolencia de nuestro clima en las calles. 40.000 personas en datos del año pasado lo hacen cada día. Duermen entre cartones, ropajes, enseres. Amontonan su vida, la arrastran con ellos porque están fuera de todo: familia, trabajo, red social. Cada una de ellas  necesita hoy una casa donde volver para recuperar la dignidad. Ayuda, solidaridad, estrategias. Caridad no, un estado no debe dar caridad. Un estado debe saber exprimir los impuestos. Un estado ha de estar guiado hacia la máxima igualdad de sus ciudadanos y éstos deben ser celosos de su patrimonio para que los tributos lleguen donde debieran. En la calle están las reivindicaciones y la derrota de nuestro sistema que margina y deja caer, que es cicatero con la pobreza.
Prioridades es la palabra mágica.
Es difícil contabilizar el sufrimiento ¿se puede? Si se pudiera lo mismo  descubriríamos que la investigación, la protección social y la solidaridad salen a cuenta. Tal vez tomásemos menos pastillas para quitarnos el dolor que se nos aposenta en el pecho al pensar en lo decepcionantes que podemos llegar a ser. No se trata de sentar a un pobre a la mesa, se trata de que haya menos pobres, y si me lo permiten, de que no los haya. Déjenme soñar  que ya me han atacado con los retornos a casa y el champán. ¿Hay turrón en los albergues, hay suficientes mantas? Tenemos tantas cosas y tan pocas posibilidades de rebelarnos... pero si lo piensan, es posible.

Sean crueles con el candidato que les trate de idiotas.
Díganle al presidente que en realidad está desnudo.
Desconfíen de la ambición que hace fibrilar al que casi toca el poder con las manos.

Sean intransigentes. Recuerden a los dependientes, a los enfermos, a  los investigadores, a las mujeres muertas, a las que están muertas en vida. A los familiares de los enfermos mentales, a los que mueren de angustia porque los 426 son una miseria. Y comen mal. Y terminan diabéticos, deprimidos, hipertensos, cardiópatas.
Recuerden a los que se suicidaron, y de los que no se puede hablar porque se rompería la armonía del universo. Recuerden a Rato y cia. A Bárcenas. A los Bárcenas de su pueblo, a los aspirantes a mafia. A los mafiosos de medio pelo. A los rateros con enchufe. A los ladrones de ilusiones. A esos, ni agua.
Sean intransigentes al votar, sean incisivos al preguntar. Sean ciudadanos. Para la devoción y la hinchada hay otras actividades que no son la política.
Y ya que les van a  machacar, voten. Voten sin que se les caiga después la cara de vergüenza.

7 comentarios:

  1. Uana realidad tal cual: "Seam intransigentes al votar"

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    1. Nos pierde la benevolencia. Y eso es peligroso.

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  2. Uana realidad tal cual: "Seam intransigentes al votar"

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  3. Memoria, para bien o para mal, no la perdamos

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  4. Y quien tiene memoria en algunos casos
    O acaso no se hace la vista gorda

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    1. Bienvenido José Miguel. Para mal o para bien tengo buena memoria. La vista gorda como tal es sólo para el que tiene algo que perder. Un saludo.

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